Mi nombre es Juliana Robayo y hoy quiero contarte un poco acerca de mí. En los próximos días, semanas y meses estarás leyéndome y creo que tienes el derecho a conocer un poco acerca de quién te escribe.
Estudié psicología en una de las mejores Universidades de Bogotá en esta área, recibí menciones de honor durante los semestres de mi carrera por mi rendimiento académico y, entre cientos de estudiantes, obtuve un grado meritorio acompañando mi diploma el día que me gradué. Estudié una especialización en evaluación clínica y tratamiento de trastornos emocionales y afectivos en la misma universidad. He trabajado durante 6 años en el ámbito clínico atendiendo problemáticas asociadas a dificultades emocionales, he ejercido mi profesión en instituciones de salud, en una fundación para niños, niñas y adolescentes en condición de vulnerabilidad, en una fundación para el manejo y tratamiento de adicciones y patología dual (adicción + trastorno psiquiátrico) y actualmente me dedico a atender desde mi consultorio virtual a personas de diferentes partes del mundo.
Hoy, luego de 2190 días (6 años) de tener el privilegio de acompañar a cientos de personas en procesos terapéuticos puedo decir que, definitivamente, desde los problemas que enfrentamos a diario, tales como decepciones, discusiones o pérdidas, hasta enfermedades como la depresión, el trastorno de ansiedad o la esquizofrenia, todas tienen una base en lo emocional, todo lo que vivimos está asociado de alguna manera con nuestras emociones y la forma en la que las gestionamos, esto es lo que determina en gran parte cómo reaccionamos, cómo afrontamos las situaciones y la forma en la que nos relacionamos con los demás. De modo que, cuando no sabemos cómo hacerlo y, por tanto, no gestionamos adecuadamente lo que sentimos, comienzan los problemas.
Todo lo anterior no te lo digo desde la posición de una psicóloga que, desde su infinita sabiduría y conociendo los errores y problemas de otros (sus pacientes), tiene mucho por hablar acerca de emociones, aunque no puedo negar que mi ejercicio profesional me ha regalado innumerables y valiosos aprendizajes y no podría ignorarlos, hoy te hablo teniendo en cuenta lo que he aprendido como psicóloga pero principalmente desde lo que como ser humano, condición que tengo desde mucho antes de ser psicóloga, he podido vivir, aprender y experimentar.
Me sorprende mirar atrás y darme cuenta de cómo por mucho tiempo me dediqué a enseñar a otras personas algo que ni yo misma entendía, o quizás sí, pero sólo desde la teoría; a exigirles a otros que pusieran en práctica en sus vidas algo que ni siquiera había trascendido a la mía. Yo sabía que muchas de las cosas que enseñaba eran lo suficientemente difíciles como para que mis oyentes decidieran no hacerlas, pero “tenían que” hacerme caso porque tenían un problema y eso les ayudaría, yo por mi parte no las hacía, quizás porque no tenía un problema lo suficientemente grande aún o simplemente porque no quería experimentar el costo de hacer cambios en cosas que llevaba haciendo de cierta manera por muchos años.
Te cuento todo esto porque finalmente ese problema suficientemente grande llegó a mi vida: Me casé jaja… y con esto no digo que el matrimonio en sí mismo sea un problema, de hecho, hoy luego de más de un año de casada, estoy segura que fue mi segunda mejor decisión en la vida; pero, fue el matrimonio la etapa en la que me enfrenté a mis emociones en su máxima expresión, fui feliz como nunca, me enojé como nunca, sentí miedo como nunca y también lloré como nunca; fue en este escenario en el que me di cuenta que no gestionaba mis emociones tan bien como creía y que debía empezar a hacerlo porque ya no me afectaban sólo a mí sino también a mi esposo; antes simplemente me encerraba en mi cuarto y podía aislarme de todo y de todos si quería hacerlo, pero ahora no podía escapar de esta manera en medio de mi malestar emocional. Antes, no me preocupaba mucho por mis emociones, pensaba que las manejaba a la perfección, pero ahora debía prestarles verdadera atención y también a las de mi esposo y con mayor razón al verme afectada por ellas.
Si bien yo tenía mucho por aprender y crecer en mi gestión emocional, tenía un punto a mi favor y era que al menos conocía la teoría, pero mi esposo sí que estaba en ceros, creo que para él las emociones ni existían, así que, ¿cómo pedirle que supiera manejar algo que ni siquiera conocía? El problema fue aumentando porque recién casados nos enfrentamos a diferentes situaciones difíciles, una tras otra, tan complejas que mi esposo intento en más de una ocasión acabar con su vida. Sí, leíste bien, tuve el suicidio más cerca de lo que alguna vez llegué a pensar, creo que jamás me imaginé llegar a vivir algo así y te podrás imaginar lo que emocionalmente eso pudo afectarme.
Todo esto comenzó a despertar en mí un deseo por conectar con mis emociones, deseo que con el paso del tiempo se hacía cada vez más fuerte. Necesitaba comprender ese universo complejo del que hablé por mucho tiempo pero que no entendía cómo funcionaba en mi interior, sabía que así podría aprender a manejar mejor mis emociones, afrontar mejor los desafíos que enfrentábamos y relacionarme mejor con mi esposo, o de lo contrario la historia podría tener un triste final.
Así, comencé a conectar con lo que sentía, que no era una cosa ni dos, era el acumulado de muchas que se habían depositado dentro de mí por varios meses, e incluso algunas durante años. Empecé a aprender de mis emociones, observándolas y entendiendo cómo se manifestaban y funcionaban en mi vida real, me di cuenta que hasta ese momento ellas me controlaban y yo me la pasaba días enteros intentando ignorarlas o tratando de luchar en contra de ellas. Cuando fui consciente de esto, la forma de relacionarme con mis emociones cambió, comencé a entenderlas y educarlas, y creo que el aprender eso cambió radicalmente mi forma de relacionarme conmigo misma, con Dios, con mi esposo, con mis amigos y con todo lo que me rodea.
Es impresionante pensar en cómo el mundo de las emociones puede ser tan conocido y tan desconocido a la vez. Es decir, las emociones nos acompañan a lo largo de toda nuestra vida, no hay una etapa en la que no estén con nosotros; nos encontramos con ellas todos los días desde que despertamos hasta que nos vamos a dormir, independientemente del lugar, cultura o contexto en el que vivamos; pero, a pesar de que siempre están ahí y muy en el fondo lo sabemos, es curioso que sepamos tan poco acerca de ellas.
Por todo lo que te cuento a lo largo de este artículo es que las emociones se convirtieron en un tema fundamental para mí, hablar de ellas y poder enseñar a otros acerca de lo que he aprendido es ahora una pasión a la que quiero dedicarme todo el tiempo que me sea posible. El primero con el que comencé fue mi esposo; luego de que inicié el proceso de conocer y gestionar mis propias emociones pude compartirlo con él y él también comenzó a hacerlo, ¡no se imaginan cómo todo cambió en su vida también! Algunas situaciones aparentemente no han cambiado mucho, pero el hecho de que nosotros lo hayamos hecho desde adentro ha sido suficiente para que no vivamos nuestro día a día igual. Me atrevo a decir que esto llegó a nosotros caído del cielo para salvar nuestras vidas y nuestro matrimonio.
De todo esto es de lo que te hablaré aquí, quiero poner mi conocimiento, experiencia personal y profesional a tu servicio. Esperé un tiempo para comenzar a escribir, ya que para mí es importante que lo que hablo sea coherente con lo que vivo, de lo contrario, lo que tendría por decir sería un montón de palabras carentes de vida y sentido, quizás extraídas de un buen libro y basadas en una excelente teoría, pero, desde mi punto de vista, insípidas, sin ese sabor que proviene de la experiencia vivida y que es tan real y único que puede inspirar, impactar y transformar vidas.
Así que, luego de esta introducción, ahora sí ¡Bienvenido!

Es muy hermoso verte de esa manera, tan humana e imperfecta, No me puedo imaginar lo que fue pasar por ese difícil momento con tu esposo. Gracias a Dios porque a pesará de la duras pruebas nunca los ha abandonado. Esperaré emocionada el siguiente artículo!!
¡Sonia gracias por leerme! Tu comentario es muy valioso para mí. Me da mucha alegría que las experiencias, aprendizajes y conocimientos que comparto puedan ser una semilla que de fruto en ti.
Un escrito muy honesto y confrontante Juli. Gracias por compartirlo. Y que siga floreciendo este hermoso proyecto, el mundo necesita palabras de vida!!
Gracias por leerme y por tus deseos Julián, ¡seguiremos colocando semillas que cambien el mundo!